Siempre hubo apocalípticos en torno a la prensa escrita.
Un artículo alucinante y visionario escrito en Buenos Aires en 1910 y encontrado en 2011 en una antigua biblioteca. Lean y juzguen…
“LA PRENSA DEL PORVENIR”, M. Martínez Fernández, La Prensa, Buenos Aires, 1910.
La prensa del porvenir no necesita telegramas, ni telefonemas, ni cartas, ni corresponsales.
El siglo XIX fue el siglo del telégrafo y el teléfono. El siglo XX es el siglo del Fotocinematotelefonógrafo. ¿Y eso qué es? Pues nada, la última maravilla, la cumbre de los descubrimientos de la electricidad, el “non plus” de la telegrafía, de la telefonía, de la fotografía, de la cinematografía, de la chismofonía. ¡El invento del siglo en fin!
No es obra de Edison, sino del mismísimo Lucifer. El primero de los resultados del fotocinematotelefonógrafo es la muerte violenta de la prensa periódica. Se acabaron esas hojas diarias, encargadas un día de la difusión del progreso; se acabaron las informaciones, los artículos, los telegramas, los telefonemas; se acabaron las letras de molde. La prensa se ha muerto. ¡Viva la prensa!
(…)
En el parlamento español, una voz elocuente predijo la revolución desde arriba.
La predicción se ha cumplido. EL rayo ha estallado en las alturas. Es la bomba fabricada en el ministerio de la gobernación por el ministro de un Gobierno histórico, enemigo de la prensa. La revolución está en marcha. ¡La ha traído el Fotocinematotelefonógrafo!
La instalación del nuevo invento en España tendrá su central en Madrid, e irradiaciones en todas las ciudades, en todas las villas, en todas las aldeas de la nación. El abono a este servicio costará una miseria; el abonado, en vez de oír desde su casa de Madrid una ópera que estuvieran cantando en el Teatro Real, oirá y verá desde el último confín de la nación, y aún desde más allá de las fronteras y allende los mares, un periódico entero, un periódico hablado, un periódico “vivido”.
El Fotocinematotelefonógrafo, con solo oprimir un resorte, ofrecerá a la vista y al oído del abonado la sección que prefiera del periódico.
Por los procedimientos perfeccionados de la fotografía y la fonografía, el parato recoge las imágenes y los sonidos que se desea impresionar; y por los perfeccionamientos de la telegrafía, telefonía y cinematografía, el aparato transmite y reproduce esos sonidos y esas imágenes, con exactitud tan perfecta, que al admirar aquella maravilla, se duda, como le ocurre a Tenorio, ante las legendarias tumbas,
Si es realidad o delirio
Cuando el abonado quiere enterarse de la sesión de Senado, por ejemplo, oprime el botón de la Cámara de edad, y surge ante su vista el viejo palacio de doña María de Molina, con una temperatura de cuanrenta y cinco centígrados.
(…)
El aparato reproducirá con la más escrupulosa fidelidad, como las sesiones parlamentarias y los Consejos de ministros, el último incendio y la postrera inundación, los sucesos más sensacionales, los crímenes más atrayentes.
Y el abonado verá las víctimas descuartizadas, al mismo tiempo que oirá el último grito del moribundo, maldiciendo al asesino. Y escuchará las declaraciones del ministro, en interesante interviú con el aparato, contándole sus bellas mentiras obligadas, maravillosamente urdidas, con los grandes proyectos del gobierno y las más grandes bienandanzas que a la patria esperan, bajo su mando paternal. Y presenciará el abonado la representación de la obra que se estrena a miles de kilómetros de distancia. Y oirá la voz incomparable de la portentosa tiple que acaba de surgir. Y verá, en fin, casi hasta palparlos, el descarrilamiento de hace media hora, con un centenar de muertos, y las horribles escenas del hundimiento de una ciudad entera, con millares de víctimas, y la última piramidal estocada del “Bombita” del porvenir.
(…)
Pero entretanto que todo esto llega, hasta que se realice este sueño fantástico de los enemigos de la Prensa, mientras existan corresponsales que se llaman Ramiro de Maeztu, Francisco Grandmontagne, Enrique Gómez Carrillo y otros que, como éstos, honrarán el periodismo contemporáneo, podrá , sin asomo de lisonja, decir el Sr. Canalejas en la Asociación de la Prensa y en todas partes, que hay corresponsales directores de la opinión.
Thomas Pogge recorre el mundo con su propuesta para incentivar a los laboratorios a producir medicamentos para pobres. Aquí, explica en qué consiste el método.